César López Llera1
Mientras Cela deshace las maletas llenas de libros y se acomoda en su habitación del más allá para ponerse a escribir eternamente sin que nadie lo moleste con necedades, Valle-Inclán anda trasteando en un viejo baúl en busca del brazo ortopédico sin usar, que le regalaron Benavente y otros amigos. «¿Para qué coño querrá el Chivo ese cachivache que nunca utilizó?», se pregunta D. Camilo. Al instante, se le muestra locuaz el Fuso Negro para contestarle: «¡Toupourroutóu! Las mozas andan en cueros por los robledales galaicos para consolar con sus cuerpos a las ánimas en pena. Mi amo las acariciará a dos manos cuando regrese esta Cuaresma a comer hasta hartarse carne de vaca loca, pata de cabrón enamorado y paletilla de cura especulador. ¡Toupourroutóu! El ánima viajera de mi señor no encuentra aposento en el Cielo, porque se le marchitó la flor de santidad y las diablesas le impiden la entrada al Infierno hasta que ahogue en la laguna Estigia a la Venus del espejo y a la maja desnuda ,que lo abrazan melosas».
No miente el loco valleinclanesco. Pronto se nos aparecerá el espectro o el cuerpo glorioso del señor de Caramiñal. Desde que murió hace 66 años lleva peinándose su guedeja estañada y acicalándose su barba de apóstata carlicomunista con la confianza de regresar al Ruedo Ibérico. Nunca perdió la esperanza de que le avisaran para presentar sus obras completas, viejo proyecto que él mismo animó desde 1913, en que inició la publicación de su «Opera Omnia». Por fin, en medio del carnaval del febrero capicúa del nuevo milenio, las páginas vírgenes de esa obra total podrán ser acariciadas, desfloradas en noches locas de gozo y de amor, que son «el segundo tránsito para entender la belleza del mundo», a decir de las enseñanzas de su teosófica lámpara maravillosa. Dos gruesos volúmenes a cargo de Joaquín del Valle Inclán harán posible que vivamos en conversación con el difunto y escuchemos con los ojos al muerto, que son milagros librescos ya revelados por Quevedo. Llegan en febrero para coincidir con la conmemoración del primer centenario de la publicación de la Sonata de otoño.
«Touporrotóu. El que más vale no vale tanto como vale Valle. He aquí su biblia celta al llegar La Cuaresma. Quienes no la lean se quedarán impotentes o frígidas de por vida y cada noche martirizarán sus cuerpos dos mil brujas rabiosas. Touporrotóu. El barro mortal se ha hecho verbo alucinado para que los pecadores del mundo se purifiquen con ejercicios espirituales en el febrerillo loco de la nueva era de sangre y carne chamuscada». Yo prometo escudarme del peligro acudiendo a las divinas palabras del Maestro en cuanto los ejemplares aniden en los estantes de las librerías. De estar disponibles iniciaré el miércoles de ceniza la relectura de sus obras, si es que me quedan ganas después de que me recuerden que soy polvo y al polvo volveré. Mas polvo enamorado. La festividad del día de los enamorados me incita a la rebelión. Muerte y amor, cuerpo y sombra, mortificación y placer, eternidad y fugacidad, belleza y horror...; siempre los términos antitéticos se congregan en torno a la vida y a la obra del gallego, de las que tanto nos queda por descubrir. A pesar de su gloria, todavía carecemos de una biografía definitiva y, hasta que salgan a la luz las inminentes obras completas, de buena parte de sus textos. Así tratamos a nuestros escritores en esta tierra de toreros, folclóricas y futbolistas. Interesan más los papeles mercantiles de fichajes millonarios que los manuscritos del mejor escritor. Venden hasta hartar las declaraciones escandalosas de cualquier berreador bien dotado, mientras se liquidan a precio de saldo libros de genios literarios. Enseñar los huevillos genera expectación, pero desnudar el alma no convoca público.
En la Corte de los Milagros huele a botellón, a cocido y a barba de chivo gallego. Hay quienes aseguran haber visto a altas horas de la madrugada paseando a don Ramón por Recoletos, la calle de Alcalá y el Retiro, en compañía de Francisco Umbral. Cantaron varias veces el himno de Riego ante la mirada indiferente de una pareja de policías nacionales, a los que intentó provocar el muerto ilustre: «Deténganme, guindillas, si se atreven! Soy el primer poeta de España y hasta el rey es mi amigo. ¡Viva la república juancarlista!». Sólo pretenden llamar la atención para hablar de sus libros. Por cierto, ¿ya había dicho que las obras completas de Valle salen en febrero?
1. César López Llera es profesor de Lengua y Literatura en Secundaria y Bachillerato e investigador literario.
El Pasajero, primavera 2002