V  A L L E - I N C L Á N   Y   LA   P I N T U R A

Por Mª Fernanda Sánchez-Colomer y Jaume Gayetano

 
 

    Es de sobras conocido el amor de Valle-Inclán por la pintura, y son varias las veces en que el escritor afirma, a la sombra de Platón, que las artes visuales son superiores a las artes de la palabra, las artes auditivas. En efecto, las artes visuales o artes de la luz, al no estar sujetas a una contemplación dilatada en el tiempo, pueden ser consideradas como artes «quietas», al contrario de lo que ocurre con las artes auditivas, en donde la experiencia estética se vincula a la cronología. Movimiento diabólico frente a divina quietud, he aquí el binomio esencial de la teoría estética valleinclaniana.

    Sabemos también que Valle era un gran conocedor de la pintura clásica, tanto española como italiana, y en este sentido no podemos olvidar sus apasionados comentarios sobre Velázquez, Goya y El Greco, o sobre Leonardo y Rafael. Esta misma pasión le llevó a interesarse por los pintores españoles contemporáneos, cuya obra conocía bien y con quienes mantuvo, en algunos casos, una estrecha amistad. Artistas como Juan de Echevarría, Joaquim Mir, Hermen Anglada Camarasa, Santiago Rusiñol, Anselmo Miguel Nieto o Julio Romero de Torres, entre otros, tuvieron en Valle a un observador atento y crítico, que no incurrió en falsas complacencias pero que supo reivindicarlos cuando los «filisteos del arte» censuraron las innovaciones de sus obras respectivas.

    Tal vez, en cambio, sean menos conocidas estas declaraciones del escritor, proferidas en el contexto de una exposición dedicada a Juan de Echevarría: «En cierto modo —dice Valle-Inclán— es absurdo el venir a hablar de un pintor cuando se tienen sus cuadros presentes. Es absurdo y es casi pecado (…). Y así, venir a convertir en concepto dilatado lo que es concepto unitario en el tiempo es absurdo, y por ser absurdo es pecado».

    Desde esa misma convicción hemos decidido inaugurar, en El Pasajero, esta sección titulada «Valle-Inclán y la pintura». No pretendemos crear aquí un espacio para la reflexión académica y erudita, sino que nuestro objetivo es mucho más simple: quisiéramos ofrecer al navegante un breve recorrido por algunas pinturas del cambio de siglo, ese período fascinante, auténtico umbral de la modernidad, que, sin embargo, ha sido eclipsado, en el caso español, por la obra descomunal de artistas inmediatamente posteriores como Pablo Picasso, Joan Miró o Salvador Dalí.

    Queremos que la pintura sea la protagonista de esta sección, y por ello ofreceremos, en cada actualización de la revista, una única imagen. Al pie de ese cuadro, el navegante encontrará palabras de Valle-Inclán extraídas de conferencias o artículos y referidas a esa obra en concreto o al pintor en cuestión. En la mayoría de los casos se trata de declaraciones muy conocidas, pero, como ya hemos aclarado, nuestro objetivo no es descubrir nada nuevo, sino abrir un espacio a ese arte quieto y luminoso que tanto amó Valle-Inclán. Estamos convencidos de que, con esta sección, El Pasajero sirve humildemente a esa aspiración tan modernista y tan valleinclaniana de un «arte total».
 

VALLE-INCLÁN Y LA PINTURA · 1